La codicia de los nietos
Doña Matilde era una mujer millonaria, conocida por su carácter fuerte y por controlar personalmente cada detalle de su fortuna.
Tenía mansiones, inversiones, joyas antiguas y cuentas secretas que ni siquiera su familia conocía completamente.
Sus tres nietos, Adrián, Sofía y Leonardo, llevaban años esperando heredar.
Pero había un problema.
La abuela seguía sana, lúcida y con más energía de la que cualquiera esperaba a su edad.
—Nunca nos dejará nada mientras siga viva —dijo Adrián durante una cena privada.
Sofía suspiró con frustración.
—He desperdiciado años fingiendo ser la nieta perfecta.
Leonardo, el más callado, observó una carpeta sobre la mesa.
Dentro había documentos sobre la fortuna familiar.
Capítulo 2: El paseo de lujo
Días después, organizaron una sorpresa para la anciana.
—Abuela, queremos celebrar contigo —dijo Sofía con una sonrisa falsa—. Te mereces un paseo inolvidable.
Doña Matilde aceptó encantada.
El plan parecía perfecto.
Un helicóptero privado los esperaba en una plataforma exclusiva.
La anciana subió elegante, usando gafas oscuras y un vestido blanco impecable.
Durante el vuelo, contemplaba el océano desde las alturas.
—Qué hermoso paisaje —comentó.
Pero sus nietos intercambiaron miradas nerviosas.
Habían elegido una zona completamente aislada.
Solo mar infinito alrededor.
Capítulo 3: La traición
En medio del vuelo, Adrián cerró la puerta lateral y miró a sus hermanos.
Era el momento.
Leonardo se acercó lentamente.
—Lo siento, abuela.
Doña Matilde lo miró fijamente.
No parecía sorprendida.
Sofía frunció el ceño.
—¿Por qué estás tan tranquila?
La anciana soltó una leve sonrisa.
—Porque ustedes creen que son más inteligentes de lo que realmente son.
Adrián perdió la paciencia.
—Se acabó.
Segundos después, la empujaron al vacío.
El cuerpo de la anciana desapareció hacia el inmenso mar.
Un silencio incómodo invadió el helicóptero.
Capítulo 4: La sorpresa inesperada
Sofía respiró aliviada.
—Por fin terminó.
Pero Leonardo seguía mirando hacia abajo.
Algo no encajaba.
—Esperen…
Adrián giró molesto.
—¿Qué pasa ahora?
Leonardo señaló al océano.
A lo lejos, algo flotaba.
No parecía una persona cayendo sin control.
Parecía… otra cosa.
Sofía tomó unos binoculares y palideció.
—No puede ser.
Doña Matilde no estaba cayendo.
Había desplegado algo en pleno aire.
Capítulo 5: El gran error
Adrián arrebató los binoculares.
Sus manos comenzaron a temblar.
La anciana descendía lentamente sobre el mar usando un equipo oculto bajo su elegante ropa.
Un pequeño dispositivo se infló automáticamente.
Parecía haber anticipado todo.
—¿Cómo sabía? —susurró Sofía aterrada.
Entonces sonó el teléfono satelital dentro del helicóptero.
Todos se congelaron.
Leonardo contestó con manos temblorosas.
Al otro lado se escuchó la voz calmada de su abuela.
—Les dije que aún no estaban listos para jugar conmigo.
Los tres quedaron helados.
—Si quieren conocer quién heredará mi fortuna… tendrán que encontrarme primero.
La llamada se cortó.
En ese instante, el piloto miró por el espejo retrovisor y habló con tono serio:
—Señores… tenemos compañía.
Varias embarcaciones negras aparecían acercándose rápidamente hacia el helicóptero.
Adrián tragó saliva.
—¿Quiénes son ellos?
Pero nadie respondió.
CONTINUARÁ…