El funeral interrumpido
La iglesia estaba completamente en silencio.
Familiares y amigos vestidos de negro rodeaban el ataúd blanco donde descansaba supuestamente el cuerpo de Valentina, una joven mujer cuya repentina muerte había conmocionado a todos.
Su esposo, Andrés, permanecía de pie junto al féretro, devastado.
No podía aceptar que su esposa hubiera fallecido tan repentinamente.
Todo avanzaba con normalidad hasta que las puertas principales se abrieron violentamente.
Un hombre alto, de aspecto desordenado y respiración agitada, entró sosteniendo un bate de madera.
Todos gritaron alarmados.
—¡Deténganse! —gritó el desconocido—. ¡Ella no está muerta!
El sacerdote retrocedió aterrado.
Varias personas intentaron detenerlo, pero el hombre avanzó decidido hacia el ataúd.
Capítulo 2: El extraño
Andrés se interpuso furioso.
—¿Quién eres tú? ¡Aléjate de mi esposa!
El hombre apretó el bate con fuerza.
—No tengo tiempo para explicaciones.
Su mirada estaba llena de desesperación.
—Si no abrimos ese ataúd ahora mismo, será demasiado tarde.
Los presentes comenzaron a murmurar.
Algunos pensaban que estaba loco.
Otros empezaron a inquietarse.
Había algo demasiado convincente en su urgencia.
Andrés lo observó confundido.
—¿Cómo sabes eso?
El extraño dudó unos segundos.
—Porque yo estuve allí la noche en que supuestamente murió.
El silencio fue absoluto.
Capítulo 3: La confesión
Andrés palideció.
—¿Qué acabas de decir?
El hombre miró el ataúd fijamente.
—La vi antes de que la declararan muerta. Su pulso era débil, casi imperceptible… pero seguía viva.
La familia comenzó a entrar en pánico.
La madre de Valentina rompió en llanto.
—Eso no puede ser posible.
Pero el extraño insistió.
—No sé quién hizo esto ni por qué, pero algo no está bien.
Andrés miró el ataúd, luego al médico forense presente entre los invitados.
—¿Está seguro del diagnóstico?
El médico empezó a sudar.
—Yo… hice todos los procedimientos.
Pero su voz temblaba.
Capítulo 4: La decisión
El extraño levantó el bate.
—No hay tiempo.
Andrés lo detuvo por un segundo.
Todo su cuerpo temblaba.
Miró el rostro del hombre y vio una convicción aterradora.
Finalmente, dio un paso atrás.
—Hazlo.
Todos gritaron sorprendidos.
El hombre golpeó con fuerza el cristal del ataúd.
CRACK
El vidrio comenzó a romperse.
Un segundo golpe.
CRASH
Los fragmentos saltaron por el aire.
El hombre arrancó la tapa mientras Andrés observaba casi sin respirar.
Capítulo 5: El milagro
Todos miraron hacia el interior.
Valentina permanecía inmóvil.
Por un instante, parecía que el extraño estaba equivocado.
Andrés sintió cómo su esperanza volvía a romperse.
Pero de repente…
Un pequeño movimiento.
Un dedo se contrajo.
La multitud gritó.
La madre de Valentina cayó de rodillas.
Andrés abrió los ojos como nunca.
—¡Valentina!
Entonces, lentamente, la mujer tomó una profunda bocanada de aire.
Estaba viva.
El caos explotó dentro de la iglesia.
Pero cuando Andrés volteó para agradecer al extraño…
Se quedó paralizado.
El hombre ya no estaba.
Solo había desaparecido entre la multitud, dejando caer una fotografía vieja al suelo.
Andrés la recogió con manos temblorosas.
Al verla, su rostro cambió por completo.
—No puede ser…
La imagen mostraba al extraño… abrazando a Valentina años atrás.
CONTINUARÁ…